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La depilación láser es un tratamiento seguro, pero la piel que llega a la sesión y la que sale de ella necesitan atenciones distintas. Buena parte de las rojeces, manchas y foliculitis que se atribuyen al láser vienen en realidad de descuidos en los días previos o posteriores.

Antes de la sesión, lo esencial es que el pelo esté en la raíz y la piel sin pigmento extra. Eso significa rasurar la zona entre 24 y 48 horas antes, no arrancar el vello con cera ni pinzas durante todo el tratamiento y evitar el sol, los rayos UVA y los autobronceadores al menos dos semanas antes. También conviene llegar con la piel limpia, sin desodorante, cremas ni maquillaje en la zona.

Después, la piel está sensibilizada por el calor. Durante 24 a 48 horas se evitan las duchas muy calientes, la sauna, la piscina y el deporte intenso. Un gel de aloe o una crema calmante sin perfume ayudan a bajar la rojez, y la protección solar alta es obligatoria en cualquier zona expuesta durante todo el tratamiento, no solo el día siguiente.

Entre sesiones, la hidratación diaria y un exfoliante suave una vez por semana evitan que el pelo que se desprende quede atrapado bajo la piel. Las clínicas serias entregan estas pautas por escrito; un ejemplo bien explicado es el de este centro de depilación láser en Málaga, que resume los cuidados y las preguntas más frecuentes antes de que el paciente pise la consulta.

Un último consejo: si aparece una ampolla o una mancha oscura que no cede en una semana, hay que avisar al centro y no automedicarse. Es raro, casi siempre se debe a sol reciente, y se resuelve bien si se trata a tiempo.